Hay una melancolía preciosa y muy sutil en Árboles inocentes.
En esta serie, Arroyo nos invita a reflexionar sobre cómo transformamos lo que nos rodea, pintando "masas arbóreas diseñadas por el hombre en planos y colores artificiales".
Juega con formas geométricas y tonos irreales para crear una naturaleza hecha a nuestra medida, buscando esos "paisajes que relajan la fatiga" de nuestro día a día.
Es un refugio visual, sí, pero también esconde una mirada compasiva ante ese empeño nuestro por domesticar el entorno y "condenar a estos árboles inocentes".
"Masas arbóreas diseñadas por el hombre en planos y colores artificiales".
Juega con formas geométricas y tonos irreales para crear una naturaleza hecha a nuestra medida, buscando esos "paisajes que relajan la fatiga" de nuestro día a día.
Es un refugio visual, sí, pero también esconde una mirada compasiva ante ese empeño nuestro por domesticar el entorno y "condenar a estos árboles inocentes".