Hay lugares que nos atrapan sin que sepamos muy bien por qué. Para Ángel Arroyo, ese lugar es la playa.
En Borde Mar, nos traslada a ese preciso “punto de encuentro entre el mar y la tierra”. Es la playa de nuestros recuerdos, bañada por un "sol que da vida, que marchita, que ilumina con perfección”.
Pero Arroyo no se queda solo en la calidez del paisaje; nos hace caminar hacia el interior para sentir el contraste con lo que él llama el “sol noctis”: esa luz artificial y un tanto fría de la civilización con la que nos topamos irremediablemente al ir “alejándonos de la playa” cuando regresamos a nuestro día a día.