El universo de Arroyo no se entiende sin la presencia del ser humano. Toda esa exploración del individuo que marca su obra culmina en Retratos que delatan. En esta serie, la figura humana asume el papel protagonista, agrupándose en lienzos repletos de rostros que nos miran fijamente. Lo hace despojándose de cualquier búsqueda de perfección anatómica. Como el propio artista explica, "siendo el ser humano el actor principal, sin entrar en matices, con trazo grueso y ausente de precisión", sus obras renuncian por completo al realismo estricto en favor de un expresionismo crudo y vibrante. Es precisamente en esa falta de filtros, en la intensidad de sus paletas de color y en esos ojos inmensos que rompen la cuarta pared, donde los personajes cobran vida y "describen situaciones que conectan con nuestras realidades... tal vez con más fuerza". Un retrato de lo cotidiano en el que resulta inevitable sentirnos observados y, al mismo tiempo, reconocernos a nosotros mismos.
En esta serie, la figura humana asume el papel protagonista, agrupándose en lienzos repletos de rostros que nos miran fijamente.
Como el propio artista explica, "siendo el ser humano el actor principal, sin entrar en matices, con trazo grueso y ausnete de precisión", sus obras renuncian por completo al realismo estricto.
Los personajes cobran vida y "describen situaciones que conectan con nuestras realidades...tal vezcon más fuerza" Un retrato de lo cotidiano en el que resulta inevitable sentirnos observados y, al mismo tiempo, reconocernos a nosotros mismos.